Los niños y niñas de la calle me hicieron maestro. Desde entonces llevo ya varias décadas interrogando el verbo para compartirlo y reelaborarlo en la dialéctica educativa de acción y reflexión. Con ellos aprendí a reconocer las claves encriptadas en la sonrisa de un niño sin pan, en la rebeldía de un joven sin hogar, en la protesta de una madre sin trabajo, en la tristeza de un padre desarraigado de su tierra y territorio. Los niños en situación de calle me enseñaron que mi marxismo debería ser complementado con la pedagogía humanista y libertaria para poder acompañar la construcción de conciencia crítica. Con ellos aprendí que la tarea no cesa mientras tengamos uno sólo de los más chicos de la patria sin derecho a la educación. Con ellos aprendí que la tarea esta inconclusa mientras en cualquier institución del Estado en que se les institucionaliza por su rebeldía, no exista educación.  Con ellos aprendí que ser maestro, es ser un explotado más, que tiene el horizonte de libertad claramente delineado y trabaja para ello. Con ellos aprendí que equivocarse es sólo una tarea por corregir con ternura y paciencia y que aprender es usar las letras, los números, los conceptos, las formulas, para ser iguales; es usar lo aprendido para respetar a los demás, ser justo y no explotar a nadie.

Nunca he creído en la vocación como no creo en el destino.  El despertar del interés por una profesión es una construcción social que depende en buena medida de los aparatos de propaganda, del concepto de éxito y del modelamiento del contexto o de la resistencia a ellos. El capitalismo neoliberal, a través de su industria cultural –cine, tv, prensa, concursos, literatura, arte-  impulsa una sustitución del concepto de utilidad social de las profesiones por el de éxito profesional. El éxito emerge como el resultado de la capacidad de consumo del cual se dispone, por el ejercicio profesional y el glamur que emana de la misma.

El capitalismo es parasitario y se sostiene gracias al trabajo de millones de trabajadores(as) y la tecnología que producen los hombres y mujeres de ciencia. Los capitalistas no trabajan, se apropian de la plusvalía para consumir y desarrollar placeres. Para el sostenimiento de su poder y el control de la población crean una estratificación entre la burocracia que requiere el Estado capitalista para su funcionamiento. Los gerentes, los jefes, los caporales en el capitalismo son la representación del éxito profesional. Los valores del capitalismo se fundamentan en la dominación y la explotación y su moral cambiante en cada momento histórico, procura la construcción de sentido común para legitimar y hacer socialmente aceptada esta dominación como un hecho normal.

El capitalismo neoliberal convierte a todos los asuntos humanos en mercancía con una lógica de ¿cuánto gano? La salud, el arte, la justicia, la fe, la comunicación, la formación son empujadas a inclinarse ante los designios del mercado. El individualismo emerge como una ruta para ser exitoso y adquirir los símbolos del poder.

El llamado estatus social pasa a ser la capacidad de mostrar la posesión de bienes de consumo, que en la medida que se multiplican en manos de un individuo o grupo social se convierten en símbolos de poder.

En la resistencia este sin sentido de la normalidad burguesa, el pensamiento autónomo, crítico y contestatario les resulta molesto y cada mas más intolerable. Este pensamiento y perspectiva rebelde que posibilita el ubicarse en la realidad –históricamente hablando- de una manera consciente y no alienada tiene un escenario privilegiado de construcción en la escuela[1]

Por ello, en las últimas décadas la escuela y la profesión docente han sido tan vapuleadas, tan atacadas. Porque la pedagogía -como interpretación de la totalidad interpretativa del mundo-   se convierte en subversiva para el capitalismo, porque conspira contra la fragmentación de la realidad que idiotiza al ser humano, que le convierte en zombi político.

Venezuela ha contado a través del tiempo con educadores de excelente formación profesional y compromiso con las causas de independencia y soberanía nacional. Simón Rodríguez, Andrés Bello, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Reyes Baena, Luis Bigott son sólo algunos de quienes han desarrollado un postulado de docencia enraizada en los intereses de las mayorías nacionales.

Sin embargo, la profesión docente ha recibido en las últimas décadas –a escala planetaria-  uno de los más feroces ataques a su prestigio social y la propia razón de ser. Ver mi artículo  http://www.aporrea.org/educacion/a200804.html

Este Enero de 2015, en el marco de la celebración del día del maestro, de la maestra, de las profesoras y profesores que en las aulas templan como el acero el espíritu de los más pequeños y jóvenes, quiero compartir brevemente mis reflexiones en voz alta sobre algunos de los retos que tiene la gestión de los sistema educativo para recuperar la centralidad pedagógica, el liderazgo y reconocimiento social del maestro y la educación como el mejor instrumento para construir la ciudadanía emancipatoria que demanda el siglo XXI.

1.   La educación sólo se transforma con el protagonismo de los docentes: el capitalismo ha hecho de las “contrarreformas” educativas una constante de intervención en los sistemas educativos, proceso que golpea el concepto y praxis de la educación como derecho humano fundamental. Para su implementación han generado a nivel planetario una casta de investigadores, decisores y políticos que construyen las políticas públicas educativas hablando de los maestros sin la participación de ellos.  Hoy, como se hizo en la Consulta Nacional por la Calidad Educativa en Venezuela, es urgente colocar al maestro(a) en el centro de la construcción de políticas públicas en educación.  El énfasis pedagógico de cada año, periodo de gobierno y planes decenales desde una perspectiva socialista, democrática y participativa, debieran ser el resultado de debates permanentes con los docentes y las comunidades y atrevernos a pensar en referéndums consultivos para su aprobación.

2.   Recuperación del rol social del docente: es urgente desarrollar una estrategia comunicacional, discursiva y de gestión que potencie el papel del maestro como líder social. Como lo he expresado en múltiples artículos, en el caso de Venezuela la santa alianza del “Pacto de Punto Fijo” encontró unas condiciones excepcionales a partir de la división del MEP para desarrollar su política de desprestigio a los docentes, como profesionales que subvierten el orden establecido al trabajar el pensamiento crítico en la interpretación de la realidad. La revolución Bolivariana -que es fundamentalmente educativa y cultural- esta llamada a trabajar en la nueva etapa en la profundización de la dignificación del docente y su relanzamiento como líder social.  En esta tarea, continuar y mejorar de manera sustantiva las condiciones de trabajo y salariales de los docentes sigue un tema de agenda.

3.   La calidad educativa: la recién concluida consulta nacional por la calidad educativa evidenció que todos y todas los venezolanos(as) tiene una opinión favorable a trabajar en la calidad educativa.  En este sentido es urgente alertar sobre el concepto de calidad educativa manejado por la OCDE, el BM y el BID, centrado en aprendizajes en las áreas que le son necesarias al capitalismo tecno-industrial del siglo XXI (escritura, lectura, conceptos básicos de ciencia y TIC).

En consecuencia, vengo planteando que debemos usar el debate y los resultados de la consulta para construir un concepto de calidad educativa que se corresponda a nuestro modelo de sociedad y sistema político.  En ese sentido señalamos que las prácticas, indicadores y elementos de la calidad se deben organizar de manera complementaria e interdependiente en seis ámbitos: (a) aula; (b) aula-plantel; (c) aula-plante y comunidad de entorno; (d) aula-plantel y realidad geohistórica del estado; (e) aula-plantel y proyecto de país y, finalmente (f) aula-plantel y geopolítica regional y mundial.

Para esta tarea la Sociedad Venezolana de Educación Comparada (SVEC) y la Red Global/Glocal por la calidad de la Educación han planteado su disposición a colaborar en la construcción de indicadores y ejes de actuación que se correspondan a estos seis ámbitos de la calidad educativa, como camino para construir nuestro propio modelo y conjurar cualquier riesgo de comprar los espejitos de las pruebas internacionales estandarizadas.

4.   Evaluación de la calidad educativa: la evaluación educativa diseñada por organismos económicos internacionales como la OCDE constituye la herramienta predilecta por el capitalismo de la segunda década del siglo XXI para viabilizar la privatización y mercantilización educativa.  PISA es una muestra de ello, cuyos resultados son analizados y convertidos en propuestas de políticas educativas por parte del BID y el BM.

Los resultados de la consulta por la calidad educativa mostraron una amplia tendencia favorable a la evaluación de la calidad educativa. Ello plantea la inminente necesidad de construir, conceptualizar y dimensionar indicadores, instrumentos y un sistema nacional de evaluación de la calidad educativa construido por venezolanos y que dé cuenta del proyecto de sociedad que estamos construyendo. En esa tarea reiteramos nuestra disposición a cooperar

5.   La carrera docente y sus múltiples desarrollos: los periodos de obsolescencia del conocimiento tecnológico, en alguna medida también del científico y de la información en el presente, son de aproximadamente 4 años.  Ello implica un repensar de la profesionalidad como autentica praxis de formación permanente así como los propios programas de formación de educadores. Es urgente pensar, implementar y desarrollar recorridos más allá de la actividad del aula. Por ejemplo, posibilitar que el docente de aula que lo desee, a partir de la categoría IV –como se establece- inicie su jerarquización como personal directivo, de supervisión, además de contemplarse su desarrollo como investigador.  Desde mi punto de vista esto sólo se debe promover a partir de la culminación del tiempo previsto para culminar su categoría III  y nunca antes; ello pasa por eliminar la práctica  -anti prestigio docente- de permitir que docentes sin la suficiente experiencia de aula asuman roles de dirección, supervisión o de responsabilidad en las estructuras institucionales como práctica que caracterizó a la cuarta República.

6.   Docentes jubilados y formación de docentes: muchos de nuestros docentes al jubilarse se marchan con 25 y más años de experiencia en distintos niveles y modalidades del sistema educativo, pero también con deseos de trabajar en la formación de maestros, de profesionales de la educación. Considero que llegó la hora de lanzar una ofensiva para que los mejores docentes jubilados, sean convocados en todo el territorio nacional a los distintos programas de formación de educadores.  Aunque resulte odioso establecer a priori cualquier porcentaje, no tengo la menor duda que a las facultades de educación le hace falta por lo menos un 50% de docentes que durante más de dos décadas hayan trabajado con la tiza, el marcador y los niños(as) de verdad en las aulas.

7.   La Academia de las Ciencias Pedagógicas: uno de los problemas centrales del fortalecimiento de la profesión docente y la centralidad pedagógica en la construcción y desarrollo de políticas educativas, lo constituye el reconocimiento del estatuto científico de la pedagogía. La pedagogía no es una técnica ni una ciencia en ciernes, sino por el contrario su punto de partida ontológico, su desarrollo epistemológico y su praxis cotidiana le convierten en un componente importante de las Ciencias Sociales. Una excelente noticia para los maestros(as) venezolanos(as) sería la creación de la Academia de la Ciencias Pedagógicas de Venezuela  que reúna a los más destacados pedagogos nacionales que trabajan en sus distintas áreas.  Educadores de la talla de Luis Bigott, Aurora La Cueva, Omar Hurtado Rayugsen, Gustavo González,  entre otros tantos venezolanos y venezolanos serían candidatos a ser convocados a la conformación de esta instancia plural de la educación venezolana; convirtiéndose en el mayor reconocimiento social y científico realizado al sector en los últimos tiempos.

8.   La Imprenta Pedagógica: la creación del Instituto Imprenta Nacional del Magisterio sería un reconocimiento a la productividad intelectual y académica de los educadores venezolanos y latinoamericanos, además de ser una fuente permanente de generación de contenidos con un profundo arraigo con nuestra identidad cultural, política, social y pedagógica.  Una imprenta que coloque por lo menos un título semanal en circulación entre el casi millón de educadores venezolanos es en sí misma una  revolución educativa

9.   Los premios nacionales de educación: en el país hay una vasta gama de premios en cine, cultura, literarios, científicos pero carecemos de un potente premio nacional de educación en menciones práctica pedagógica, investigación, opinión, innovación, entre otros; que no sólo reconozcan el esfuerzo y aporte de pedagogos al cambio social, sino que contribuya al reconocimiento de la actividad educativa por parte de la sociedad en su conjunto.

10.               El pensamiento educativo venezolano y la nueva etapa: cada proceso histórico y político suele ser interpretado y sistematizado por un conjunto de educadores y de pedagogos. Hoy en día tenemos el desafío de identificar ese pensamiento del presente que proyecta el futuro para no quedar anclados en pensamientos progresistas del pasado que no ilustran la magia y potencia de lo nuevo que esta naciendo.

En la semana del Maestro y la Maestra venezolano(a) las calles sobre los cuales camina el futuro de la patria son azules como el firmamento de los pedagogos, las paredes de las ciudades y comunidades son verdes como la vida que inspira la actividad del aula y el techo de los planteles se pinta de arco iris como cada una de las utopías hechas realidad por los hombre y mujeres que decidimos apostar por la educación como camino para construir un mundo más humano, justo, solidario y alegre.  Maestros y maestras, levantemos la mirada y pisemos firme que la sociedad nos mira con afecto y reconoce nuestra labor.


[1] Como siempre cuando hablo de escuela me refiero a las instituciones educativas y escolares desde el maternal hasta el post doctorado.

 

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