Los orígenes silenciados

Ante todo mis condolencias a los familiares de la veintena de víctimas de la reciente espiral de violencia en Francia, y como educador mi repudio a todo tipo de terrorismo ya sea individual, colectivo o de Estado. El semanario Charlie Hebdo es la culminación de un hermoso proceso de expresión artístico-político de la ilustración como arte, que tiene sus inicios en la década de los sesenta del siglo XX; tuvo un periodo de esplendor ultraizquierdista, sin embargo sus opiniones y trabajo respecto a la guerra en la exyugoslavia y el gobierno de Sarkozy (1955-   ) fueron consideradas por parte de la izquierda radical francesa como un giro que les convertían en expresión del sistema. El semanario fue el espacio de debates mundiales como el expresado en el 2006 por el manifiesto de Salman Rushdie (1947-   ) y Bernard-Henri Lévy (1948-   ) a favor de la libertad de expresión y en contra de la autocensura.

Paris y Francia nos han permitido extraer lecciones  –en distintos momentos históricos- que han alimentado la flama de la lucha por el socialismo y la educación, por ello, uno no deja de sentir un especial dolor e impotencia ante estos hechos. Francia es la Comuna de París(1871), el Mayo Francés(1968), la cuna de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), la morada de grandes amigos y camaradas como Daniel Bensaid (1946-2010), Sabadó o Michel Lowy, de educadores como Rousseau (1712-1778), Baudelot (1938-  ) y Establet (1938 –  ), de libre pensadores como Althusser (1918-1990), Deluze (1926-1995) o Guattari (1930-1992), de los más resaltantes debates educativos protagonizados por representantes de los gobiernos progresistas del mundo y de cantautores de la talla de Moustakis (1934-2013); es mezcla de utopía socialista, pedagógica, y cultural. Por ello, porque siempre ha estado presente en nuestras construcciones de rebeldía, me atrevo a extraer unas tempranas y muy breves lecciones para la educación respecto a los hechos ocurridos allí recientemente; sin que ello implique valoración alguna en este momento sobre el sistema escolar galo, sino preocupaciones en la ruta de evitar la extensión a nuestro continente y país de esta vorágine de violencia.

Pero antes debo reflexionar en voz alta sobre los silenciados orígenes de estos hechos cuya autoría intelectual -las grandes cadenas televisivas- le atribuyen a Al Qaeda y a ISIS. Ambas organizaciones financiadas y funcionales desde sus orígenes a la geopolítica del Pentágono; la primera contra la exURSS y la segunda en el proceso de recomposición del control norteamericano en el mundo árabe.  Es decir estos hechos no habrían tenido razón de ser ni ocurrir, si la nación más poderosa del mundo no hubiese alimentado expresiones del fundamentalismo religioso. Llama especialmente la atención, que estos hechos ocurran en un país cuyas encuestas señalan un 20% de simpatías con el Estado Islámico por parte de sus habitantes, con una población de inmigrantes que luchan por sus derechos en medio de la crisis económica que sacude al capitalismo en la actualidad y en el cual la extrema derecha de Le Pen alimenta el odio contra la población de origen extranjero. Los entretelones de los hechos se los dejo a policías, jueces, periodistas y psicólogos; prefiero adentrarme en unas primeras lecciones para la educación

Educación laica

La escuela[1] es un lugar para el encuentro, el diálogo y la aceptación del otro. La escuela no es sólo el espacio para adquirir conocimientos generales y específicos, sino el sitio privilegiado para la construcción de ciudadanía. De allí la importancia de rescatar el debate respecto a la educación laica y no confesional.  En el caso de Venezuela, esta premisa tiene rango constitucional como garantía de la integración social más allá de las diferencias, en este caso religiosas.

En una escuela y una educación laica se respetan las religiones y las creencias espirituales de cada individuo, pero se defiende que la escuela no es el lugar ni para promoverlas ni para dirimir sus diferencias; eso le corresponde a los espacios de culto de cada una de ellas. En la escuela cualquier hombre o mujer, independientemente de su origen social, edad y fe, tiene que sentirse en igualdad de condiciones al otro para aprender, siendo respetado, auspiciando el encuentro y no el conflicto.

Sin embargo, en muchos lugares del mundo y la región prevalecen escuelas del Estado en cuyo interior están presentes imágenes religiosas de una u otra confesión, donde se hacen espacios para rituales religiosos específicos que bajo el argumento de la fe de las mayorías marginaliza a quienes piensan distinto. Peor aún, en muchas escuelas de Latinoamérica y el Caribe que he visitado, por ejemplo, en los comedores escolares se colocan frases alusivas al acceso a la comida como un bien facilitado por uno u otro Dios o interpretación de él, no enseñando que ello es un derecho que se tiene como estudiante sino un beneficio por creer en determinados códigos religiosos. La escuela que integra, que construye paz y vida democrática auténtica es laica por definición y praxis; no hacerlo alienta esa espiral de segregación que alimenta los fundamentalismos basados en exclusión social. En la educación del siglo XXI no tiene cabida una escuela pública y financiada por el Estado que exija pertenecer a una determinada fe o que desarrolle en sus dinámicas institucionales actos que promuevan o una determinada perspectiva religiosa.

Multiculturalidad

La multiculturalidad no es aceptar en la escuela a niños, niñas, jóvenes o adultos de distintos orígenes sociales, étnicos, religiosos o geográficos. Es aprender a conocer al otro en sus particularidades, singularidades, respetarlo plenamente e integrarlo en su diferencia. Y allí, la democracia avanza más allá del concepto de mayoría para reconocerse como expresión política de lo universal.

Una educación que previene contra los fundamentalismos es un espacio donde se conoce la cultura, costumbres e imaginarios de los otros, aprendiendo a expresar los límites del verbo, la acción y las consideraciones ético-morales en el encuentro con la diversidad.  Es saber que hay muchas formas de ver y entender el mundo y los hechos, que antes de estar en la escuela se podrían considerar como únicos y generalizantes y que ahora se entienden como parte de un calidoscopio de ese maravilloso proyecto que llamamos humanidad.

Pensamiento crítico

Todos hablamos de pensamiento crítico, pero nos cuesta entender que hay una ruta de construcción de esa mirada desde la escuela y la educación. La escuela tiene que enseñar los más nobles valores universales a la par que enseña la contingencia histórica de la moral. Esos valores universales sólo se pueden ponderar leyendo, conversando, observando, analizando, reflexionando, estando en contacto directo con las distintas expresiones sociales, políticas y culturales que existen en una sociedad nacional y el mundo; acción, reflexión y acción del encuentro con lo culturalmente distinto.  Es aprender a movilizar la conciencia reconociendo que la nuestra está en permanente cambio en esa dialéctica del encuentro con la otredad.

El papel de la escuela comprometida con el pensamiento crítico es el de contribuir a la formación de un ser humano que se situé en el mundo con una perspectiva autónoma que le permita tomar distancia antes de decidir y cuando decida se comprometa respetando a los que piensan distinto.

El pensamiento crítico en la educación no claudica ante la premisa que el hombre es bueno por naturaleza y por el contrario se reafirma en la edificación de conciencia mediante la educación liberadora que le permite a cada individuo construir su proyecto de vida en permanente interacción y sinergia con lo colectivo.  Esa escuela no es la del pensamiento único sino la del encuentro con la diversidad.

Un individuo y una sociedad construida desde la perspectiva del pensamiento crítico adquieren los anticuerpos ideológicos, culturales y sociales contra cualquier tipo de fundamentalismo.

Aceptar al otro es fundamentalmente reconocer que él se expresa en todos los planos en una perspectiva distinta a la nuestra pero que es capaz también de construir y participar en los espacios comunes que socialmente se construyen.  Si el otro es distinto el principio de libertad le permite expresar a viva voz sus ideas y posiciones y cada individuo no sólo debe garantizar esa posibilidad sino tener la capacidad de acercarse a la producción cultural del otro con tolerancia, entendiendo que las diferencias forman parte del proceso de construcción de una identidad compartida.

El complejo cultural y la crisis civilizatoria

Una vez que desaparece la URSS teóricos como Huntington (1927-2008) se apresuraron a plantear escenarios de conflictividad global de carácter cultural y religioso, como lo expresó en su libro “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial” (1996). Sus argumentos expresan la conceptualización del énfasis que tendrá el complejo industrial-militar norteamericano para mantener su hegemonía construyendo un adversario planetario que sustituyera al comunismo. Nada despreciable la relación de Huntington con la administración de Bush y su carrera militar.  Los hechos del 11 S posibilitaron el desarrollo del concepto de justicia preventiva en la lucha contra el terrorismo y seguramente hoy procuraran intensificarlos con los hechos de Paris iniciados con los ataques al semanario satírico Charlie Hebdo.  Ello plantea enormes desafíos para la educación a escala mundial respecto a las cuales solo me he atrevido a telegrafiar unas ideas en este artículo.


[1] Como siempre cuando hablo de escuela me refiero a la educación en general y al sistema escolar desde el maternal hasta el post doctorado.

 

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