Estos últimos tiempos hemos vivido una fiesta que profundiza aún más nuestra democracia: En todas las plazas, gremios, asociaciones estudiantiles, consejos comunales e instituciones se viene desarrollando una amplia consulta popular sobre el II Plan Socialista de la Nación. Todos (as) se han involucrado en este esfuerzo, hasta sectores de amplia tradición opositora se han unido, dando su opinión al respecto. En todos los rincones patrios se respira un ambiente de alegría, que no es otra cosa que la reafirmación del modelo de democracia participativa y protagónica plasmado en nuestra Constitución.

Para los socialistas es también una reafirmación del camino de encuentro de la propuesta socialista Bolivariana con los más puros ideales libertarios. El hecho político concreto que lo expresa se contiene en la metodología del proceso consultivo, la cual enfatiza la necesidad de potenciar la consulta a todos y todas las venezolanas (os) y la crítica pública revolucionaria a la gestión pública. Este esfuerzo para fortalecer la acción revolucionaria implica una ruptura con la cultura estalinista de satanización de los debates abiertos, que caracterizó al socialismo del siglo XX.

En materia de educación universitaria los debates han sido muy potentes y esperanzadores. Las opiniones apuntan a proponer:

1. La revisión, actualización y reformulación de la oferta académica para adecuarla a los requerimientos del territorio, los distritos motores de desarrollo, las zonas estratégicas y el propio Plan de la Nación, así como a las posibilidades de desarrollo profesional y laboral de los egresados.

2. La recuperación de la noción de proceso en la formación académica. Desde los setenta se dio inicio a un abandono del estudio de los referentes históricos de cada conocimiento específico y de los modelos de trabajo que ello implicaba. Las profesiones pasaron a ser en gran medida técnicas fragmentadas, que no posibilitaban ni la comprensión de procesos ni la visión de totalidad. Rezagos de esta problemática subyacen en los procesos educativos universitarios y es urgente resolverlo.

3. El énfasis en el fortalecimiento, desarrollo y escalamiento de los procesos de investigación, innovación tecnológica y producción de conocimiento que se realiza en las universidades. El desafío es romper con la hegemonía de las dinámicas de reproducción de saberes y entrar a una nueva fase de generación de conocimiento científico, que nos permita profundizar en el objetivo de hacer de Venezuela un país soberano e independiente. Eso sí, una ciencia cuyo norte sea el ser humano, su paradigma el vivir bien y que en todas sus expresiones concretas fomente la solidaridad y la justicia social; una ciencia que no sea para el mercado.

Muchas voces señalan que las nuevas universidades debieran nacer de centros de investigación, es decir del trabajo de seis años o una década de trabajo productivo en unidades investigativas. Además la apertura de carreras, conforme a los requerimientos del país y del territorio se debería estructurar desde el postgrado hacia el pregrado, fortaleciendo la capacidad investigativa de los futuros docentes universitarios y la articulación entre dinámicas complementarias. Esto potenciaría el reencuentro universitario con la investigación.

4. Redoblar los esfuerzos para reivindicar la importancia de que nuestros jóvenes estudien en profundidad el conocimiento que escogieron como carrera o programa de formación en la universidad. Nuestros jóvenes deben ser rebeldes, justicieros y solidarios con los más débiles, a la par que logran altos desempeños académicos para poder dar el salto en la edificación nacional. Un nacionalista, un revolucionario, un socialista está obligado a ser el mejor estudiante y el más comprometido con las causas justas.

5. Es urgente trabajar en la democratización de las universidades. Esta dinámica debe ser vista como un proceso que demanda recrear la propia cultura de la Instituciones de Educación Universitaria (IEU). Hasta ahora el foco de interés se ha centrado en lo electoral, pero la consulta evidencia la creciente demanda de implantación de acciones que posibiliten una auténtica transformación en el sector. Entre las dinámicas que abren camino a la democratización de las IEU están los procesos de implantación del presupuesto participativo, desde su formulación, tramitación, ejecución hasta su evaluación participativa. Ello implica diseñar y colocar en marcha ágiles y expeditos mecanismos e instancias de contraloría social y articulación con el poder popular.

6. Se requiere una urgente revisión de las relaciones entre áreas sustantivas del hecho universitario respecto a equipos de apoyo. Las nóminas universitarias deben estar fundamentalmente compuestas por docentes-investigadores. Las razones sociales fundamentales de las universidades no pueden verse menoscabadas por el peso burocrático de las áreas de apoyo.

7. Es muy importante establecer claramente los parámetros de costo anual de la matrícula universitaria, de acuerdo a las especificidades (ciencias naturales, ciencias sociales, ingenierías, pensamiento lógico y otras) de tal manera de apuntalar la eficacia administrativa y coadyuvar a los procesos constantes de expansión de la matrícula

Estos son sólo algunos elementos que emergen del debate sobre la transformación universitaria en el marco de la construcción del II Plan Socialista de la Nación. Elementos que tienen un gran consenso, independientemente de la posición ideológica, pues para los auténticos universitarios lo más importante es el desarrollo independiente y soberano del país

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